ÉTICA Y RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL (RSE)

La RSE es una nueva visión de gestión empresarial y de hacer negocios, que se encuentra en pleno desarrollo (Acción Empresarial, 2003).

El dilema ético

El dilema ético es el núcleo que detona del proceso de razonamiento moral, que posteriormente se resolverá en una toma de decisión idealmente correcta. Un dilema ético consiste en un conflicto ante la toma de decisiones, entre dos o más cursos de acción posibles, frente a los cuales no estamos seguros de qué es lo que debemos hacer, al existir valores en juego (Ayala, M. 2010).

Modelo 1: Ética deontológica.

La etimología de la palabra deontología deriva del griego to deón, lo obligatorio, lo debido, y logos, conocimiento, sabiduría, vale decir, conocimiento de lo obligatorio o de lo debido. Esto indica que nos encontramos frente a una ética del deber.

Formulación 1: “obra sólo según aquella máxima de la que al mismo tiempo puedas querer que se convierta en norma universal” (Kant, I. 1961, p 100).

Formulación 2: “obra de modo que en cada caso te valgas de la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de todo otro, como un fin, nunca como un medio” (Kant, I. (1961, pp. 111-112).

En síntesis, en la moral kantiana ocurre lo siguiente:

  • El énfasis de la conducta moralmente valiosa se centra en el acto mismo, el cual puede ser correcto o incorrecto.
  • El ámbito moral se centra fundamentalmente en el ser humano, como un ser absolutamente valioso (siempre un fin y nunca un medio).
  • No todo se puede visualizar como una mercancía intercambiable por un precio: el ser humano no tiene precio, tiene dignidad.
  • La dignidad humana es una exigencia racional innegociable; no se puede comerciar con la dignidad humana.

Sus representantes son Karl-Otto Apel, Jürgen Habermas y Adela Cortina. Es una filosofía que surge en la década de 1970 y está pensada para las sociedades plurales, donde conviven múltiples verdades, creencias e intereses.

Postula que la razón humana es dialógica-comunicativa, por lo cual la razón y el diálogo (el lenguaje) serían el lugar de encuentro entre los seres humanos al decidir qué normas morales han de regir a los afectados, quiénes han de participar del diálogo para decidir por consenso cuáles normas son las correctas y cuáles satisfacen los intereses de todos.

La idea es que los propios interesados decidan su norma (o máxima) y tengan la oportunidad de pronunciarse sobre la forma en que son afectados por ella. De esta manera, pueden defender sus intereses personalmente. Para que este diálogo ocurra, existe un protocolo de condiciones que se han de cumplir. Entre esas condiciones destaca, como clave de la ética, la consideración y el reconocimiento personal de todos y cada uno de los participantes como interlocutores válidos (persona), para exponer sus intereses y ser considerados en la decisión final, conservando siempre una posición simétrica. Este momento se denomina racionalidad comunicativa (Cortina, A. y Martínez, E. 1998).

Una norma será válida cuando todos los afectados por ella puedan aceptar libremente las consecuencias y efectos secundarios que se seguirán, previsiblemente, de su cumplimiento general para la satisfacción de los interesados.

Sólo pueden pretender validez las normas que encuentran (o podrán encontrar) aceptación por parte de todos los afectados, como participantes en un discurso práctico

Ética dialógica o comunicativa o discursiva.

Sus representantes son Karl-Otto Apel, Jürgen Habermas y Adela Cortina. Es una filosofía que surge en la década de 1970 y está pensada para las sociedades plurales, donde conviven múltiples verdades, creencias e intereses.

Postula que la razón humana es dialógica-comunicativa, por lo cual la razón y el diálogo (el lenguaje) serían el lugar de encuentro entre los seres humanos al decidir qué normas morales han de regir a los afectados, quiénes han de participar del diálogo para decidir por consenso cuáles normas son las correctas y cuáles satisfacen los intereses de todos.

La idea es que los propios interesados decidan su norma (o máxima) y tengan la oportunidad de pronunciarse sobre la forma en que son afectados por ella. De esta manera, pueden defender sus intereses personalmente. Para que este diálogo ocurra, existe un protocolo de condiciones que se han de cumplir. Entre esas condiciones destaca, como clave de la ética, la consideración y el reconocimiento personal de todos y cada uno de los participantes como interlocutores válidos (persona), para exponer sus intereses y ser considerados en la decisión final, conservando siempre una posición simétrica. Este momento se denomina racionalidad comunicativa (Cortina, A. y Martínez, E. 1998).

Una norma será válida cuando todos los afectados por ella puedan aceptar libremente las consecuencias y efectos secundarios que se seguirán, previsiblemente, de su cumplimiento general para la satisfacción de los interesados.

Sólo pueden pretender validez las normas que encuentran (o podrán encontrar) aceptación por parte de todos los afectados, como participantes en un discurso práctico

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